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domingo, 7 de octubre de 2012

Expectativa / Realidad




Es hora de que digamos la verdad, todo es mucho más lindo en nuestras cabezas. Voy a hacer referencia a un caso en particular del que fui, a la vez, partícipe y testigo. Estuvimos con mi novio varios meses ilusionados con preparar una noche de comida oriental. La imagen que uno tiene, y a partir de la cual inicia un camino lleno de magia y expectativa, es siempre mucho más placentera de lo que termina siendo el resultado final. La cuestión es que uno siempre tiene la posibilidad de aprender; en mi caso, aprendí que el sushi es una mierda (sólo a un japonés se le puede ocurrir mezclar arroz con vinagre).
Este ejemplo se puede extender a otros ámbitos. Es en el sexo donde la situación se percibe con mucha más claridad. Digamos que cuando uno ve a un hombre con su correspondiente tabla de planchar en la parte del cuerpo en la cual la comida se transforma en caca (el nivel de importancia de marcar los abdominales es equivalente a forrar en oro la puerta del baño), siente más ganas de llevarlo a la cama que a la mesa de luz. Uno empieza a replantearse todas las decisiones en su vida con el objeto de llegar a tener entre sus manos a un chongo de semejante calibre; camina hacia el altar, a paso firme, y se encuentra con el adonis. Desde el principio fuimos conscientes de no exigirle al susodicho la capacidad de armar una oración con sujeto y predicado, pero no esperábamos que nuestras esperanzas fueran a ser tan alejadas de la realidad. Efectivamente, todo es más excitante cuando lo imaginamos (para eso dios ha inventado la masturbación).
Pero no sólo la comida y el sexo nos defraudan. Te ayudo. No fumes el porro pensando que te va a convertir en la reencarnación de Bob Marley. No es necesario que te hagas el exótico, comer insectos es una mala decisión. Sabés que ese vestido no te va a quedar bien por más que adelgaces unos quilos, no lo compres. El rulo no da ochentera, da ridícula. Que le mida 23 centímetros no es apasionante, es un suicidio anal. Y, para terminar, aportando un grano de arena a la evolución humana, es necesario saber que el rubio de ojos celestes, en algún momento de su vida, indefectiblemente va a terminar gordo, a los pedos y tomando una cerveza en el sillón mientras mira un partido de fútbol de la liga de Nueva Zelanda.
Conclusión, es mejor conformarse con lo que a uno lo hace feliz, que luchar por satisfacer el deseo en pos de un futuro mediocre que nos convertirá en viejos frustrados (léase, nuestros padres).